Pequeños terroristas

El 11 de Septiembre de 2001 se vivió una mañana intensa en occidente. Casi escupo el café con leche cuando vi cómo el segundo avión se estrellaba contra la segunda torre. Pocas veces la muerte provoco tanto rating. Estábamos viendo en directo uno de los hechos más importantes de nuestra historia. Y muchos lo vimos en pijamas y sin afeitarnos. Como si alguien pudiera tener el programa grabado en VHS de la caída de Roma o de la crucifixión de Cristo.

Nunca hablé con los terroristas que provocaron el accidente ni nunca lo haré. Pero conozco a varios de ellos y a sus familias. Confieso que además he cenado con ellos, he ido a bailar, jugué al futbol o he tenido extensas charlas hasta las 4 de la mañana. Ellos quieren cambiar el mundo a su manera y tienen sus convicciones. Yo también soy uno de ellos.

Los terroristas árabes que se subieron a los aviones para hacerlos estallar en el escritorio de un yanqui tenían aproximadamente 35 años. Nacieron en la década del `60 y tuvieron seguramente una infancia complicada porque en los países árabes hay tantas guerras como paros gremiales o piquetes en nuestro país.

– “¿Hoy contra quién nos peleamos?, mami” le preguntó Osama a su mamá antes de ir al colegio.
– No sé. Cuando vuelva tu papá, si vuelve, le preguntamos cómo le fue y cuánta gente mató.

Todo esto imagínenselo dicho en árabe y con turbantes.

En Argentina la situación no es muy distinta, aquí también criamos pequeños terroristas sin darnos cuenta. Hay una gran diferencia: los nuestros no causan tanto daño, incluso si ven sangre se ponen a llorar y corren a las faldas de su madre. Aquí los terroristas no llegan a los 35 años, a esa edad ya tienen su empresa propia con secretaria y todo.

Pero algún daño causan, algún terror tienen que causar para lograr esa felicidad maligna que se siente al provocarlo. Y siempre se esconden en el anonimato que es lo fundamental para mantener su naturaleza terrorista, ya que si no lo hicieran serían simplemente políticos.

Recuerdo esa sensación cuando de chico volvía de madrugada a casa y al pasar por un portero eléctrico apoyando mi palma abierta bien fuerte para continuar mi marcha sin volver la vista atrás. Esa sensación es inexplicable y más interesante si se la suma a la adrenalina que causa el peligro de algún vecino que nos corre.

En algunas ocasiones, junto con otros terroristas amigos, hemos probado poner piedras en la vía del tren esperando que pasara algo. Pienso que nuestro asombro hubiera sido grande al ver el tren descarrilar y estrellarse contra un jardín de infantes provocando una tragedia con centenares de muertos. No esperábamos que pasara eso aunque obviamente no pasó.

El pequeño terrorista es más valiente y alcanza su madurez cuando actúa solo. Muchas veces opera en grupo manteniendo el acuerdo tácito de que nunca más se hablaría del tema. Es por eso que el anonimato es parte esencial del acto terrorista. Si uno actúa solo evidentemente es un verdadero provocador de malhumores ajenos.

Pero ojo, si se llega a conocer públicamente su nombre (en el edificio, el barrio, el país o el mundo) ya no será un pequeño terrorista sino un pendejo hijo de puta.

Entre otras cosas los pequeños terroristas también roban tomates en la verdulería, le desinflan la goma a algún auto, llaman por teléfono para joderte, tiran una bomba pero de olor, manda cadenas de e-mails inventadas por él y con historias alarmantes.

En algunos casos el terrorista persigue un fin determinado: cambiar el mundo, acabar con la injusticia, que bajen las expensas, etc. Más allá de que estos tienen un fin preciso y su accionar se vuelve justificable, hay otros que actúan por el mismo hecho de divertirse. Es el terrorismo por el terrorismo mismo. En otras palabras, no tienen nada que hacer.

Aquel que baja de un ascensor automático vacío y toca todos los botones para que el ascensor se pasee por todo el edificio irritando a los demás. Lo mismo el que te escupe desde un balcón o el que hace ring-raje. Todos son terroristas.

Ellos no suelen ser bromistas porque el bromista busca hacer reír: a los otros y a él mismo, siempre en detrimento de alguien. Pero los terroristas buscan reirse ellos mismos y sorprender a los otros.

Yo también soy terrorista y en mi infancia realicé muchas de estas actividades subversivas. Es difícil evitar hacerlas y probablemente caiga en la dulce tentación de actuar como ese pequeño terrorista que todos llevamos dentro.

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4 Responses to Pequeños terroristas

  1. Luis A. dice:

    Nunca habia visto el terrorismo de esa manera. Pero creo que tenes razon.

  2. Terminator dice:

    Igual los que tiraron las torres gemelas no se si hacian ringeraje

  3. Valeria dice:

    Muy buena idea. Es verdad, todos llevamos un terrorista adentro. Esperemos que no salga.

  4. Diego dice:

    Los niños a veces detras de su inocencia esconden tambien la parte mas adulta de los humanos que es el pecado de la envidia, el egoismo, el terrorismo, etc. Es dificil verlo en los niños pero no hay que tener miedo a decir que eso esta en nosotros desde mucho antes de que nos lo imaginemss

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