Chupetín Popeyín

Cuando volvía del colegio allá por el año `89 en medio de la híper inflación no tenía idea de lo que estaba ocurriendo en el país. Volvía caminando las siete cuadras que separaban mi casa del colegio con un amigo que también vivía cerca. Y como a esa edad te aburrís a cada rato, solíamos inventar y hacer algunas bromas estúpidas pero eficientes para pasar el rato.

Una de ellas, entre otras, consistía en hacer enojar a un kioskero del barrio, cualquiera. Me acuerdo del primero en Tucumán al 1600. Siempre pasábamos por el mismo kiosko y un día decidimos iniciar la estrategia. Pero era necesario un colaborador más para que el plan tuviera mayor éxito. Ese tercer integrante terminó siendo el hermano de mi amigo que ese día de casualidad nos terminó acompañando en el trayecto.

La broma consistía en pasar por el kiosko y preguntar por un producto determinado. Nos pusimos de acuerdo en que sería un chupetín grande de un valor determinado al que lo terminé bautizando como “Chupetín Popeyín”. Por supuesto que la golosina no existía.

El primero de nosotros, que iba rotando, se acercaba al kioskero para pedirle el Chupetín Popeyín. El kioskero no le daba mucha importancia a un chico de 13 años que le pedía una golosina que no tenía. Pero nuestra tarea era describirle el producto, mostrarles nuestra insistencia por adquirirlo y además hacerle saber que estábamos dispuestos a pagar una suma cara.

El kioskero no nos prestaba mucha atención. El no tenía el producto y punto.

A los veinte segundos se acercaba otro de nosotros a pedirle nuevamente el Chupetín Popeyín. El kioskero se sorprendía un poco y decía no tenerlo pero se mostraba más interesado. Nos preguntaba en la mayor parte de los casos cómo era y dónde lo vendían. Hasta nos llegaron a preguntar quién lo fabricaba. Nuestras respuestas se improvisaban en el momento.

Por supuesto que nos ofrecía otros productos sustitutos que no aceptábamos porque decíamos que el Chupetín Popeyín era mejor y más grande y que aunque fuera más caro nosotros queríamos pagar por ese.

Allí dejábamos pasar más tiempo, nos causaba gracia imaginar qué se estaría preguntando acerca del producto, de por qué no lo compró o su distribuidor no se lo ofreció. Percibíamos a la distancia ese sentimiento frustrado de que se estaba perdiendo un gran negocio por no tener ese chupetín.

El último en acercarse a la ventanilla kioskera era generalmente el más valiente o el que había perdido el sorteo. Confieso que llegamos a hacer esto entre cuatro y cinco personas, algo que por supuesto irritaba mucho a los comerciantes que solo querían recibir algo de dinero minutos antes de que la inflación se comiera el valor de sus mercancías.

Varias veces me toco ir a mí. Primero preguntaba por otros productos grandes y caros mostrando que tenía suficiente dinero para hacer una compra interesante. Esta habilidad fue adquirida luego de muchos retornos-a-casa para sacarle un poco más de jugo a mi participación y de tiempo del kioskero.

Después de que me ofrecía todos los productos que pedía, optaba por pedirle el Chupetín Popeyín. Al decirme que no lo tenía, le decía que entonces no llevaba nada y que mejor iba a ir a otro negocio que allí seguramente lo tenían. En este instante solían enojarse y darse cuenta de que todo había sido una tomada de pelo a su profesión.

“Pendejo de mierda”, “Tomatelás pelotudo” fueron las dos respuestas que encabezaban el ranking. Por supuesto que mis amigos esperaban sobre la vereda al costado para no ser vistos por el kioskero pero en primera fila para observar mi actuación. Se mataban de risa.

La última vez que recuerdo haber hecho esto fue cuando un kioskero de Paraguay y Junín salió a la vereda y me pegó. No la ligué fuerte pero me asusté porque él tenía el triple de edad, el triple de peso y el triple de plata que yo.

Nunca pude encontrar el chupetín ni volví a buscarlo. Pero a veces imagino con nostalgia el diálogo de algún kioskero que después de insultarnos, y por las dudas, llamó a su proveedor pidiéndole una caja grande de Chupetín Popeyín.

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4 Responses to Chupetín Popeyín

  1. Marina Lopez dice:

    Por la epoca que decis y por la zona que describis, seguramente alguna vez nos debemos haber cruzasdo. Yo tambien tengo algunas historias para contar muy parecidas.

  2. Martin Pernich dice:

    Esta bueno loko.

  3. Rodolfo JM dice:

    Esta bueno, me hizo divertir mucho.
    A los kioskeros da para hacerles bastantes jodas.

  4. Sole dice:

    Hola; yo recuerdo haber comido este chupetin que vos decis es mas venia con una sorpresa adentro. Asique pobre kiokero si no lo encontraba. Muy buena la historia. Saludos

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