El problema navideño

Todavía faltan algunos días aunque menos de dos meses. Se está viniendo la Navidad y con ella todos los problemas de fin de año de siempre: el festejo, la comida y las vacaciones. Cada fin de año nos sentimos agotados por lo poco o mucho que hicimos mientras caían las hojas del calendario. Y debemos guardarnos un resto para enfrenta la recta final, la más difícil, para terminar el año sin matar a nadie porque si no papá Noel no nos va a traer regalos.

Navidad no se trata de un día festivo, de un momento o de una reunión, es más que eso; es una época del año que en cada persona puede ocupar un instante, una semana o todo Noviembre y Diciembre.

La cuestión es que genera en nosotros algunos inconvenientes. Debemos preparar sin ganas ni plata las próximas reuniones familiares, hay que comprar regalos, hay que comer casi por obligación y hay que sonreir a lo que te regalan. Y aquellos que tienen familiares en el interior deben marcharse para visitarlos

Por supuesto que existe una gran tentación que se empieza a gestar cuando arranca Septiembre y es la de agarrar un almanaque para ver cuándo cae navidad y rogar que sea un fin de semana largo para poder escaparnos con alguna excusa. Al menos para visitar a sus familiares del interior.

Para mi mujer, por ejemplo, la navidad ocupa todo el mes de diciembre. Los primeros 10 días para organizar la compra de regalos. Los siguientes 14 días para organizar a dónde no va a ir a pasar la navidad tratando de no pelearse con quienes no va a compartir el festejo. El 24 y 25 festeja. Y los días siguientes se organiza para cambiar los regalos que le hicieron.

Una vez me dijeron que la navidad es una festividad que toma otro color cuando hay chicos incluidos en el festejo. La ilusión de ver a papá Noel entrando en algún momento con los regalos vuelve pelotudos a los más grandes provocando una sensación extraña que es la de engañar a sus propios hijos. Y no sólo eso, además de engañarlos, los festejan con los otros grandes y sacan fotos del momento en que sus hijos son engañados por ellos.

Lo cierto es que como festejo se nutre de diversos elementos accidentales que le dan un matiz más sugestivo a la ceremonia. Si no fuera por el viejo gordo de rojo y barba blanca, por los fuegos artificiales, por los programas navideños, por el pan dulce y los turrones, si no fuera por todo eso, la navidad seria una cena aburrida con familiares.

No obstante en mi caso, y haciendo una breve cronología de mis navidades, he observado que al menos el 50% de los veinticuatro a la noche lo pase únicamente con los integrantes primarios de mi familia, ellos son, mi mamá, mi papá, mi hermana y mi hermano. Y sólo después de haber vivido otras navidades más divertidas me dí cuenta de lo aburridas y rutinarias que eran aquellas.

En nuestra familia teníamos una rutina ya preparada que tallaba aún más el hastío de la cena. Mi mamá cocinando (muy bien) durante los diez días anteriores. Mi hermana ayudando en diez minutos a arreglar la casa y la mesa. Los arreglos navideños eran escasos y pedorros pero no había mucha plata para comprar unos nuevos. De hecho mi mamá sacaba plata de la comida diaria para comprar algunas bolitas nuevas.

A las diez de la noche nos sentábamos a comer y mi papá decía bueno, tratemos de estirar un poco la comida. Pero a las diez y veinte como mucho ya estábamos levantando los platos. Eso sí, acostumbrábamos a hacer mucha sobremesa.

A las once ya no sabíamos qué hacer. Sacábamos fotos y poníamos la sidra y los turrones. Mi hermana iba y prendía la radio para escuchar el conteo.

Eramos tan aburridos que nunca comimos ni las doce uvas ni nada, simplemente levantábamos la copa y decíamos Feliz Navidad! dándonos un beso.

A partir de allí ingresábamos en la última etapa de nuestra ceremonia que consistía en ir al balcón a ver los fuegos artificiales. En pleno centro de Buenos Aires los edificios no dejan ver nada pero algunos huecos de cielos nos permitían una diversión barata a costa de los petardos ajenos.

Los cinco en el balcón y con la perra que se asustaba volvían los comentarios de siempre. El año pasado no tiraban tantos, me parece estar oyendo a mi mamá. Estoy cansado, che, empezaba a bajar la guardia mi viejo. Mi hermano que se iba a ver tele o a hablar por teléfono. Y mi hermana también. Lógicamente que ya eran las doce. Doce y media ya se apagaban las luces del living y sólo los más jóvenes seguíamos despiertos.

Durante esa época no me hacía mucho problema por la comida. Podía comer lo que quería y con lo que mi vieja me preparaba era suficiente para comer y comer y comer. En mi casa podían faltar muchas cosas pero no sé cómo hacía mi madre para conseguir comida. Ya de grande tuve que amainar un poco el morfi porque….porque sí. No voy a entrar en detalles pero el pan dulce ya me caía pesado y el helado del postre ya casi lo evitaba.

Pero por lo que veo en las costumbres de las otras familias, la navidad es un encuentro con la comida. Es un gran banquete. Pueden faltar los tíos, la abuela que ya no está, el hermano que está de viaje pero no debe faltar el matambre o la lengua a la vinagreta. O la interminable ensalada rusa que se multiplica sola en la heladera.

Es por eso que fue un descuido (divino?) el hecho de que la navidad y el año nuevo caigan con una semana de diferencia. Deberíamos correr una fecha, por ejemplo, festejar navidad el 5 de Diciembre o el año nuevo el 10 de Enero. Como es absurdo lo segundo, veo más probable lo primero. De este modo, tendríamos tres semanitas para digerir todas las porquerías que comimos. O como propone mi viejo, habría que festejar y comer en una sola de las dos fechas.

Y la combinación mortal no termina allí porque pegadito a la navidad y año nuevo vienen las vacaciones con lo que todo lo que uno adelgaza en el último bimestre del año lo termina subiendo con el chupi y el morfi de la semana 52. Y a la hora de ponerse la malla eso empieza a pesar. Eso es un punto a favor de las montañas en la conocida oposición electiva montañas-playa.

Pero lo bueno de las dos fechas festivas (tomando en cuenta que al día siguiente también se festeja) es que nos permite repartirnos entre todos los familiares y amigos posibles. Acá está el verdadero problema de la navidad y la doble fecha festiva fue la gran solución. Yo pienso que antes se festejaba sólo la navidad pero algunos propusieron un nuevo festejo en la semana siguiente por estos motivos: había más familiares que visitar, sobraba siempre vitel tone y alguno se quedaba caliente y pedía revancha en el truco.

El problema de la navidad es familiar, el tema está en resolver los dos elementos básicos del problema navideño: el dónde y el quiénes. Si uno puede responder dónde va a festejar y con quiénes ya tiene resuelto casi toda la ecuación. Incluso a veces los dos elementos son en definitiva, uno solo. Porque cuando uno no vive solo es muy difícil armar el cronograma de festejos sin dejar afuera a algunos seres queridos como, en mi caso, mi hermana y su marido, a mi hermano con la novia, a mis viejos y todo esto sin que mi mujer me termine puteando por no incluir a su familia..

Lo que más me duele de las navidades es que uno las disfruta mucho pero mucho cuando cree en papá Noel, cuando la pasa con su familia o cuando sale con amigos (en ese orden) pero también sabe que en algún momento habrá navidades que uno no va a disfrutar tanto, navidades donde alguien que queremos mucho va a faltar. Y eso nos rompe un poco las pelotas.

En definitiva, más allá de la importancia religiosa que tiene, la navidad tiene importancia social. Nos hace acordar de nuestros familiares, nos obliga muy a pesar nuestro a darnos un beso con gente que no vemos hace mucho pero que tiene nuestro apellido, nos obliga a regalarnos cosas y nos invita a emocionarnos.

Por eso, y con mucha anticipación, les digo Feliz Navidad! Vayan preparando la comida, comprando los regalos y llamando a los tíos del interior. Aprovechen y caliéntense ahora así cuando viene Diciembre nos dedicamos a comer y chupar tranquilos. No digan que no les avisé.

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3 Responses to El problema navideño

  1. Martin EL LOQUITO dice:

    No me gusta para nada la navidad es todo re.comercial..

  2. Xavier Hell dice:

    A mi Papá Noel nunca me trae regalos, por eso no tengo incentivos para portarme bien.

  3. Anette dice:

    Mis problemas navideños se solucionaron cuando me decidí dejar de ser huérfana de parientes y adopté 3 o 4 flias distintas. A partir de ese momento (más o menos año 2000) la vengo pasando bomba. Festejo con un año con cada una y el año nuevo siempre con mi marido y amigos.
    De los regalos me encargo yo la primer semana de diciembre y cocinar no me preocupa porque soy lo suficientemente rápida como para decir “yo traigo el vino” 10 minutos antes que empiecen a distribuir los platos q le tocan a cada quien.
    Y sigo creyendo en Papá Noel con la misma convicción que a los 5 años.

    Muy buen blog Sebastián, me verás seguido x acá.
    Anette

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