Viva la playa

perdido

Para una madre no hay nada peor que no encontrar a alguno de sus hijos. Para los hijos muchas veces es al revés, no hay nada peor que encontrar a su madre o que su madre los encuentre.

Todos hemos vivido de chicos la experiencia de perdernos en un mercado, en el zoológico o en la rural. Sabemos que la sensación es fastidiosa, de tensión y el mundo se nos desperdiga un poco sacándonos de su centro, rompiendo su equilibrio metafísico. Dicho de otro modo, nos dan ganas de hacer pis y caca pero antes tenemos que encontrar a mamita para que nos lleve al baño.

Si a alguno le pasó, seguramente sabrá que lo más escalofriante es perdernos en la playa. Allí debimos vivir, además del sentimiento de orfandad, la ridiculez de ser alzado sobre un adulto para que haga de burro y nos muestre a la multitud.

Sin embargo, el problema del niño no es grande. El inconveniente más importante es la vergüenza del padre o madre que tiene que acercarse a recuperarlo con la cara colorada no de sol sino de vergüenza.

En Miramar, hace 7 años, Martín, recuerdo que así se llamaba, se perdió. Fue a nadar un rato con su barrenador de poliestireno expandido y luego de un rato se aburrió. Al volver de la zona de la espuma a la de la arena caliente no vio a quien tenía que ver. Sus cosas, su familia, sus juguetes y su mamá no estaban.

De a poco sus pasos comenzaron a hacerse más lentos y su radio de giro cervical se apresuraba para permitirle mirar a su alrededor con mayor capacidad, como si fuera un radar. Pero no había puntito titilando y nada de su mundo daba señales. Se empezaba a desesperar muy de a poquito, del mismo modo que su madre también comenzaba a preocuparse en la carpa 32 del balneario de al lado.

El instinto de Martín hizo que custodiara la tabla de barrenar como nada en el mundo. Ese pedazo de telgopor y el hilito eran todo lo que él tenía. Se sentó en la tabla para no ensuciarse con la arena y para esperar si alguien aparecía. No se le ocurrían muchas soluciones. En la mente de un niño no hay soluciones porque no hay problemas.

Cuando el tiempo y el calor comenzaban a dañar su alma y su cuerpo respectivamente, algunas lágrimas (única emanación de cuerpo y alma) comenzaron a brotar. Lloró un poquito en silencio, con vergüenza y con miedo. Esperó algo pero eso no ocurrió. Esto no era como en la tele.

Un hombre lo vio y se acercó y entendió al instante que el niño estaba perdido. Luego de calmarlo le preguntó su nombre y precalentó los hombros para cargarlo.

Cuando Martín estaba a casi dos metros de altura se olvidó un poco de la situación. Y el hombre empezó a pedir a todos que aplaudieran y a preguntar si alguien conocía a ese nene. Ante la negativa caminó y caminó durante varios minutos.

Martín no sólo quería encontrarse con su madre sino que sentía que nunca la había amado tanto. Eso no se comprende sino que se siente. La buscaba él más que nadie, buscaba su pelo, su malla, so voz. Y sabía que ella estaría con cara de susto y llanto buscándolo.

Alguien dijo que había una señora buscando un nene. Hacia allí se acercó el hombre que izaba al nene buscando el reencuentro madre-hijo y su consecuente relajación dorsal.

Efectivamente a lo lejos y entre todos los rostros que miraban hacia el hombre y el niño apareció una mujer con el semblante pálido, los ojos salidos y el llanto brotando de su rostro. Era el corazón ardiente de una madre que desesperada buscaba a su hijo.

Martín también se estremeció. Comenzó a llorar de alegría. Sólo ellos dos, madre e hijo, saben lo que sintieron interiormente en esos segundos. La distancia se iba acortando y a cada instante se vivían momentos emotivos. “¡Mamá, mamá!” gritaba Martín mientras la gente comenzaba a emocionarse y a aplaudir, no por la búsqueda sino por la alegría del reencuentro.

Por fin el hombre bajo al niño con el sentimiento triunfante de haber hecho algo productivo en la playa. La madre no le agradeció ni le dijo nada, fue directamente a abrazar al niño. Lo abrazó fuerte, le dio un beso y se tranquilizó de golpe.

Al rato se quedaron mirando cara a cara madre e hijo en silencio. Se reencontraron, se calmaron y volvieron de a poco a sus sentimientos de antes. Mientras, la gente se regalaba a sí misma la observación de ese emotivo momento.

Inmediatamente la madre levantó su mano derecha y torció leve la comisura de su boca. Su frente se arrugó un poco y sus pupilas se dilataron. Esa mano derecha fue a parar con toda velocidad a la mejilla izquierda de Martín que al recibir la bofetada cayó besando la arena.

“Te dije, pelotudo, que no te alejaras”, le dijo mientras lo levantaba tironeándolo de un brazo y arrastrándolo junto a su tablita de barrenar hacia la carpa 32 del balneario de al lado.

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7 Responses to Viva la playa

  1. Cecilita dice:

    Yo no tengo hijos pero me da que si me llega a pasar lo mismo lo llevo all fondo del mar y que la corriente se lo lleve por tarado.

  2. Muzza dice:

    Nunca me perdí, siempre fui muy cagón, me parece. enial el relato, anécdota, cuento o lo que sea.

    “En la mente de un niño no hay soluciones porque no hay problemas.”

    • gavilandia dice:

      Cecilita: Muy buena opcion la tuya pero acordate que la corriente devuelve todo a la playa.

      Muzza: Yo tampoco me perdi mucho de chico. Lo bueno es que ahora tenemos el GPS para no perdernos.

  3. Martin dice:

    Se llama Martín como yo!!!

  4. anita dice:

    Yo si me perdí. y me dieron la cachetada…. ¿A las madres les enseñan a pasar con tanta rápidez de la emoción a la realidad tan rápido???
    Genial Sebastián…
    A

  5. Alex dice:

    jaja muy cierto tu relato… aunque yo me perdi, solo supe que mis papas no estaban conmigo y comenze buscarlos, despus de casi una hora (segun cuentan ellos) cuando me encontraron lejos de darme una bofetada mi mama no hacia otra cosa mas que abrazarme y llorar, mi papa solo nos veia.
    Quiza no pueda transmitir la misma emocion que siento cada que lo platico pero nunca olvidare la mirada de los viejos.
    Saludos desde tampico

  6. Vale dice:

    Muy buen relatooooooo!!!! Me emocioné en la escena del rencuentro y pasé enseguida del llanto a la carcajada con el remate final!!!
    No me perdí.. pero una vez estando de vacaciones me dormí tan profundo (los chicos duermen como un tronco!!!!!) que no respondía a los golpes en la puerta de la habitación del hotel que compartía con mi hermana, ni atendía el teléfono, ni oia los gritos ni llamados, ni nada. Mis papás pensaron que había desaparecido o me habían secuestrado y ya estaban dando aviso a todos (conserje, policía, cerrajero…). Al fin desperté de mi sueño y creo que me querian asesinar por haberlos matado del susto!

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